En historias de domingo: Llegó el Comandante y mandó a parar.

Todos sabemos de los robos bajo la Nacionalización de Empresas protagonizada por Fidel Castro Ruz al llegar al poder y les contaré una de esas que no está recogida en la historia de Cuba, porque solo en las escuelas se mencionan las industrias eléctricas, bancos y centrales azucarero, y cuando se habla de esto solo se dice, porque fue necesario para la Revolución, pero no explican la otra historia que deberían conocer los cubanos.

Gordejuela, en Las Encartaciones de Vizcaya, no parece un lugar especialmente caribeño. Ni por el clima, ni por la arquitectura. Probablemente, nadie lo asociaría, en un primer vistazo, al ron, a Cuba o a la caña de azúcar. Y, sin embargo, en este municipio vasco se originó una de las historias empresariales más exitosas del siglo XIX español y cubano. De allí partió, hace casi 160 años, José Arechabala en busca de fortuna y aventuras. Y las encontró en Cárdenas, una de las principales ciudades del norte de Cuba, donde fundó una de las productoras de ron más grandes del mundo.

Durante más de 80 años, la empresa fue sorteando con éxito todas las vicisitudes que se le fueron presentando, en una historia cubana muy convulsa (desde la Guerra de la Independencia al impacto en el país de las dos guerras mundiales; desde cambios de régimen a la Ley Seca que cortó su acceso a uno de sus principales mercados). Quizás por eso, cuando el 1 de enero de 1959 aquellos barbudos entraron en La Habana y proclamaron el triunfo de La Revolución, los Arechabala no pensaron que aquella vez sería diferente: un nuevo Gobierno con el que lidiar, con normativas y caprichos, como todos … pero que no iría más allá. Exactamente 365 días después, el 31 de diciembre de aquel mismo 1959, los soldados de Fidel Castro entraban en las oficinas que la empresa de origen español tenía en la Plaza de la Catedral de La Habana y clausuraban el Havana Club, el bar que había fundado en el Palacio de los Condes de Bayona.

Ésta es su historia y la de unos herederos que, sesenta años después, decidieron homenajear a sus antepasados, con la recuperación de un nombre mítico y la elaboración de un ron muy especial: Arechabala 140 Aniversario. Fidel se quedó con su fábrica, sus instalaciones y su marca (la mítica Havana Club), pero el apellido de su tatarabuelo, Arechabala, y el orgullo del trabajo bien hecho: eso no se lo pudieron quitar.

En 1862, cuando apenas tenía 15 años, José Arechabala se embarcaba en el Hermosa Trasmiera rumbo a Cuba. En nuestra sociedad, cada vez más temerosa y reacia a los riesgos (aunque a veces pensemos lo contrario y llamemos a cualquier cosa “deporte de aventura”) puede sonar extraño que un chico de aquella edad lo dejase todo y se fuese, sin más red de seguridad que su ambición y sus ganas de labrarse un futuro, al otro lado del Atlántico.

En aquellos años de la segunda mitad del siglo XIX, estaba comenzando a desarrollarse en Cuba una industria del ron merecedora de tal nombre, que sustituiría a las pequeñas destilerías caseras que hasta entonces operaban y que ofrecían un producto de baja calidad y sin demasiada uniformidad. De hecho, en aquel mismo 1862 Facundo Bacardí fundaba, en el extremo sur de la isla, la empresa que le haría famoso, y que competiría con Arechabala por el mercado nacional e internacional.

Después de algunos años trabajando para otros, don José decidió montar su propia empresa: en 1878 fundaba el alambique La Vizcaya, en Cárdenas (por eso la edición 140 aniversario que la familia lanzó hace un par de años). Y alrededor de aquel pequeño ingenio industrial crecería un emporio que durante ocho décadas transformó la localidad en la que se asentaba. Como explica Antón Riestra (uno de los tataranietos de don José) a Libre Mercado no se puede entender el desarrollo de aquella región del norte de Cuba durante aquellos años sin la obra de sus antepasados: aquella destilería original se transformó en todo un holding que cubría todas las etapas del proceso de producción del ron, desde los toneles a los astilleros donde se construían los barcos que llevaban la mercancía a EEUU (Cárdenas es el puerto cubano más cercano a Florida), pasando por las plantaciones de caña de azúcar y las refinerías que trataban la materia prima. Por supuesto, el ron no era el único alcohol que elaboraban, también tenían en su catálogo vermut, granadina, coñac, ginebra o, incluso, alcohol medicinal (por cierto, también eran grandes productores de caramelos: había que aprovechar el azúcar para todos los usos posibles).

Durante aquellos años, incluso tras la independencia de la isla, la empresa mantuvo fuertes vínculos con España. Muchos de los directivos procedían de la Vizcaya que vio partir al primer Arechabala. Y fueron los hijos y yernos de don José (también españoles algunos de ellos) los que tomaron el mando de la compañía tras su fallecimiento.

De aquella primera destilería se pasó a un complejo industrial de primera magnitud, que daba empleo a miles de personas y que se convirtió en la principal industria de Cárdenas. Quizás por los orígenes humildes de don José, explica Riestra, aquella empresa siempre se mostró especialmente cuidadosa con sus empleados: en la web que los descendientes de los Arechabala han creado para reivindicar su legado, pueden encontrarse desde la revista que la propia compañía publicaba para sus trabajadores hasta informes académicos actuales que se han dedicado a estudiar esta singular empresa. Por ejemplo, llama la atención la lista de beneficios que esos mismos trabajadores obtenían: becas, seguro médico, academias de formación para sus hijos… ¡hasta el sorteo anual de una casa para uno de ellos!. No sólo eso, cuando en el año 1933 un huracán destrozó el litoral norte de Cuba, fue Arechabala S.A. la que se hizo cargo de la construcción de un nuevo espigón en su ciudad, así como de las obras de reacondicionamiento y ajardinamiento de buena parte de la población; incluido el monumento a la bandera cubana, por ser este municipio el primero en el que se había izado esa bandera casi 100 años antes. Capitalismo en su mejor versión.
Aquella década de 1930 fue un momento de expansión para Arechabala S.A.: durante los años 20, la Ley Seca había llevado a miles de norteamericanos a Cuba durante sus vacaciones. Allí habían conocido el ron y las principales marcas comerciales de la isla. En 1934, aprovechando la derogación de la XVIII Enmienda, nacía la que sería su enseña emblemática -Havana Club- y la empresa se lanzaba a la conquista de un mercado americano deseoso de encontrar alcoholes de calidad. Las instalaciones llegaron a tener una capacidad de producción de 125.000 litros diarios. Quizás la guinda de todo aquel proceso fue la inauguración del bar privado Havana Club en la Plaza de la Catedral de La Habana, uno de los nombres míticos de los años dorados de la noche cubana.

Hasta aquí, lo que podría parecer una historia empresarial muy meritoria: el relato de un tipo que con trabajo, talento y visión de futuro se convirtió en el mayor productor de ron de Cuba (Bacardí producía más en total, pero porque tenía destilerías en otros países; si se cuenta sólo la producción en la isla, Arechabala era el número uno). Pero en estos días en los que en España tanto se habla de “nacionalizaciones” y en los que se blanquea la historia de determinados regímenes, lo que le sucedió a esta familia hispano-cubana ya su empresa también puede servir de enseñanza, sobre el pasado y sobre el futuro.

Tomado de Wikipedia

Publicado por Yordan Roque Álvarez

Nacido en Cuba en 1983, Ciego de Ávila, Profesor de Historia , escritor y periodista e investigador,trabajó en la prensa independiente de su país en la Agencia de Prensa Libre Avileña (APLA), emigró a Rusia en el 2013, donde realizó un diplomado de periodismo y trabajó como Guía Turístico en el Kremlin de Moscú, también fue colaborador del Comité de Asistencia Cívica de Moscú, en 2018 obtiene la ciudadanía española y se va ese país donde reside actualmente, fue Administrador General de la Editorial Ribadeo SLU y ha escrito varios libros entre sus obras está el libro "El camino angosto en busca de la libertad", "Juegos del Corazón", "La columna del Terror", "La Jungla de Espionaje"además de realizar investigaciones relevantes sobre el descubrimiento en Venezuela de Tropas Cubanas,. Ha residido además en Holanda, Alemania.

3 comentarios sobre “En historias de domingo: Llegó el Comandante y mandó a parar.

  1. Las “Famosas” Madres de Plaza de Mayo ,que poco tienen que ver con las “Damas de Blanco” ,todos los jueves se instalaban en Plaza de Mayo ,para protestar ,por la perdida y desparición de sus hijos en la Dictadura .
    Lo inconcebible es la frase y canción Llegó el Comandante y mandó a parar.

    Le gusta a 1 persona

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