En historia de Domingo: Los fracasos de Díaz Canel

Díaz Canel dijo en el consejo de ministros, hace unos meses atrás que“el fracaso no será nunca una opción para la revolución”. Y está bien que piense eso, e incluso que lo diga, pero cuando en su periódico oficial comunista lo desmienten todos los días, es porque algo no funciona bien.

Si porque aunque a veces pasemos de largo hay cosas que la prensa oficialista se les va de las manos y mete la pata hasta el fondo. Y hoy este artículo lo voy a hacer bajo lo que ha dicho la propia prensa del gobierno de la Habana.

1- El fracaso de la agricultura

Resulta que la agricultura es el sector que absorbe más empleo de la economía, un 17% del total en 2019, pero improductivo, ya que se encuentra atado a granjas estatales o a tierras cedidas en arrendamiento que nunca serán de propiedad privada.

Con el llamado ordenamiento muchos campesinos se comienzan a cuestionar si les dará negocios continuar invirtiendo en producir, porque como todo sabemos, prácticamente todo lo que se hace en Cuba para hacer producir la tierra depende de pequeños agricultores, que no tienen prácticamente garantías de nada.

Los comunistas resuelven esta grave situación alertando a los campesinos, que saben mucho más que ellos lo que es la tierra y como se le saca producción, de que hay que usar productos orgánicos “ante la carencia de fertilizantes, herbicidas y plaguicidas, además de propiciar el intercalamiento de los cultivos y un mejor uso de las máquinas de riego”, o que se tienen que fomentar “los polos productivos e incorporar a la producción de alimentos todo el fondo de tierras disponibles, como son las áreas ociosas pertenecientes a ingenios azucareros paralizados”. Parece mentira que esto no se haya hecho, pero el arriendo de tierras llega hasta donde llega. Y no da para más.

Desde hace años, ya se sabe que el sector privado de la agricultura (20%) produce mucho más que el 80% estatal. Entonces, ¿por qué no darle prioridad al sector privado? ¿Por qué no permitir más propietarios privados? ¿Por qué no pasar de un usufructo rácano de 5 años a legislar que sean 30 o 50 años? ¿Por qué no entregar la propiedad de la tierra a quien la trabaja, si esta ha sido una constante aspiración del campesinado cubano en toda la Historia de nuestra nación?

¿Por qué se desmanteló toda la industria azucarera y en la actualidad Cuba compra azúcar a República Dominicana y a Francia? De casi 300 centrales o ingenios que producían azúcar al inicio de la revolución, hoy solamente quedan activos unos 50. Pasando de una zafra de algo más de 7 millones de toneladas en 1952 a zafras de dos millones –o menos– en estos últimos años.

La agricultura de Cuba es un fracaso, y no por culpa de Bloqueo o la crisis mundial, simplemente las trabas gubernamentales de una dictadura decadente es la causa.

2-El fracaso del turismo

No cabe duda que la pandemia ha supuesto un duro revés para la mayoría de sectores de la economía, exigiendo a los gobiernos de todos los países un esfuerzo fiscal adicional para afrontar, en un entorno de menor crecimiento de los ingresos, unos gastos mayores para financiar los gastos asociados a la crisis sanitaria. Pero si hay un sector de las economías que se ha visto especialmente afectado por la crisis, el turismo es, sin duda alguna, el que más.

Las grandes potencias mundiales, España, Italia, Francia, Estados Unidos, tratan de compensar la pérdida de ingresos turísticos con subvenciones y ayudas a los particulares, dirigidos a mantener los niveles de actividad hasta que la pandemia retroceda y la gente pierda el temor a viajar. Turismo y restauración se preparan para tiempos difíciles.

El turismo en Cuba todavía representa una baja participación en la economía en términos de empleo y producción, alrededor de un 6%, frente al 12% de España, pero es una actividad fundamental para la obtención de divisas. Desde los años 90, cuando Fidel Castro, atrapado por el hundimiento de la URSS y los países del socialismo real que financiaban gratis sus aventuras políticas e ideológicas, no tuvo más remedio que abrir el país al turismo, el número de viajeros que llegan a Cuba ha experimentado un aumento, similar en términos relativos al que se ha producido a nivel mundial.

Cuba se encuentra, por tanto, entre los países más afectados por el Covid-19 y lo que implica la caída del turismo y aunque no existen cifras oficiales, el descenso en la entrada de divisas, la parálisis de la actividad (sobre todo la privada) y la escasa capacidad de la demanda interna para dar negocio a la oferta existente, apuntan a descensos en los niveles de actividad del entorno de un 75% al 80% para este año 2020. Posiblemente, Cuba sea uno de los destinos más afectados del Caribe por la pandemia, y se insiste en que lo peor todavía está por venir, ya que en los próximos meses tiene lugar la temporada alta del turismo cubano, y no existe previsión alguna de mejora en los indicadores, y con los nuevos cierres cada vez la actividad turística incluso de nacionales es nula.

El problema reside en buena medida, en que el régimen comunista de Díaz Canel no tiene planes para hacer frente a este escenario. Localizar a los pocos viajeros que se atreven a volar hasta la isla en determinadas zonas turísticas apartadas de la población, supone restar al turismo cubano su punto fuerte, que es el contacto con la realidad. Pero si no se controla la pandemia, y en este momento los rebrotes pululan por doquier, será muy difícil que los turistas europeos o canadienses, den el salto a la isla para pasar sus vacaciones invernales. Y desde luego, las sanciones de la administración de Estados Unidos van a limitar ese 26% que representan los viajeros procedentes de dicho país, de los cuáles solo los cubano americanos que viajan con un patrón de comportamiento distinto al de los turistas, parece que van a tener una evolución más favorable.

Por ello, algunos hoteles gestionados por las empresas españolas han empezado a ofertar la opción del teletrabajo como solución última a la falta de demanda, o lo que es peor, a cerrar sus instalaciones, ante el desplome de la actividad. El gobierno no ayuda, más bien, todo lo contrario, luchando contra la pandemia sin obtener resultados concretos que permitan mejorar las perspectivas. Los principales aeropuertos no han sido abiertos aún, salvo para vuelos humanitarios. El escenario entra en una fase de gran incertidumbre que puede provocar graves daños a la economía.

En tales condiciones, ante la inacción del gobierno y el derrumbe del modelo, ya empiezan a aparecer posiciones que plantean una reforma del turismo de “sol y playa” en época invernal, para subsistir y capear la crisis actual. Un modelo que no se base en llenar habitaciones de hoteles y en un crecimiento continuo de viajeros, bajo la afirmación de que “cuantos más turistas mejor”, sino apostar por la calidad y los precios competitivos.

Trasladar a la isla políticas y modelos que ya han entrado en crisis en otras zonas del planeta es un gran error cuyas consecuencias se acaban pagando. Un fracaso más de la revolución, de esos que Díaz Canel no quiere reconocer públicamente. Por suerte, hay alternativas pero ello requiere, insisto, una nueva dirección de las políticas turísticas. Por ejemplo, si se apuesta por la salud, hay que hacerlo bien, y el turismo de salud con una participación del sector privado, puede ser el contrapunto, pero hay muchos más. Elegir de forma adecuada el futuro del modelo turístico cubano no debe ser la decisión de un burócrata comunista, que siempre fallan, sino de una forma clara y transparente de entender el mercado, y en eso, si lo permiten, la empresa privada aventaja notablemente al estado. Este es el momento de girar el rumbo de la nave en el turismo. La privatización no espera.

3-El fracaso del ordenamiento

Podría contarse la historia de la revolución cubana como una serie continua de descalabros. Mientras en la política internacional, el ego de su único líder la catapultó a niveles de influencia no acordes con su potencial dentro del escenario mundial, en lo interno, lo poco positivo que puede mostrar se hizo con dinero ajeno. Todo lo demás, o casi, ha sido una compilación de fracasos que ha conducido al país al calamitoso momento actual.

La Tarea Ordenamiento podría parecer un voluntarismo más de los intentados por el castrismo: Zafra de los Diez Millones, Cordón de La Habana, Cuenca Lechera o cualquier otro megaproyecto que hoy duerme en la papelera de la historia. También podría pensarse que es otro de los “experimentos” que el Gobierno posfidel ha emprendido con tanta frecuencia para mantener al pueblo a la expectativa y con la sensación de que se evoluciona, pero que son meras técnicas retardatorias del cambio verdadero, puro conservadurismo.

Por primera vez en muchos años el Gobierno se siente obligado a hacer cambios importantes en la economía. La dupla Raúl-Canel no tiene ni la sombra de la legitimidad que disfrutaba Castro I. El régimen, que se niega a buscar legitimidad formal mediante un voto libre, debe encontrarla en esa tranquilidad social en la que el cubano cree vivir dentro de su isla-jaula, pero esto necesita un sostén económico, y la gente necesita sentir —les urge— que las cosas están mejorando.

Si los análisis previos de la situación del Gobierno cubano ya revelaban un estado desesperado —ni tiene dinero ni tiene quien se lo dé— que lo induce por primera vez a intentar con seriedad el desarrollo económico autónomo, los pasos riesgosos que está dando para lograrlo —otra cosa es si son los adecuados— confirman el diagnóstico.

La Tarea Ordenamiento es, resumiendo, una redistribución de la poca riqueza que va quedando para crear incentivos que energicen la economía. Sin embargo, repartir el dinero de diferente forma no crea riquezas, solo cambia el acceso a la existente. A aquellos que no trabajan para el Estado les disminuye de manera importante este acceso, mientras que a aquellos que sí trabajan para el Estado les aumenta. Se supone que esto los estimule a trabajar más, al menos eso espera el Gobierno que ocurra, y que ocurra antes de que la inflación no elimine el afecto.

La Tarea Ordenamiento es un movimiento tan arriesgado que muestra a las claras la desesperación gubernamental. Se lo están jugando todo. Si esto falla, el margen de maniobra económica que les queda es realmente estrecho. Tendrían, entonces sí, que dar pasos para liberalizar la economía: reconocer la empresa privada, abrir el comercio —incluido el internacional— y permitir la inversión extranjera directa sin mediación estatal. Todo lo cual, inevitablemente, conducirá a transformaciones políticas.

A 20 días del día cero el propio Diaz Canel ya reconoce errores, que al parecer continúan sin medida y sin soluciones.

Ahora a llamado a “Ordenar el ordenamiento”. Y culpa a los administradores en la base de la mala gestión, aunque mirando bien si los de la base no funciona es porque los de arriba tampoco lo hacen bien.

4- El fracaso de la unificación monetaria

La unificación de las monedas que circulan en ese país caribeño, está lejos de convertirse en la solución a la crisis económica y de otras índoles que se vive en la isla.

A solo 24 días la economía cubana ha comenzado a entrar en una situación de crisis mucho más grave que la del año anterior.

Las condiciones de vida de los cubanos por culpa de esa indefinición por parte del gobierno castrista comienza a dar los primeros sablazos.

En estos momentos el peso cubano no tiene ningún valor en el mundo y el proceso de unificación monetaria tiene su fracaso cuando se alteran los salarios y precios. Asimismo, el fin de los subsidios de los alimentos de la “libreta de abastecimiento” pone en evidencia la existencia de la Revolución de los humildes y para los humildes

Lo único que se sabe es que están capacitando a los funcionarios que se van a encargar de la operación porque parece ser que no han tenido tiempo en estos nueve años de hacer ese trabajo.

La sensación de que están improvisando porque no saben lo que tienen que hacer es cada vez más evidente y con ello el fracaso a menos de un mes.

Mientras que las estructuras de libre mercado y la empresa privada no se trasladen al régimen socialcomunista cubano y éste tenga su fin, la economía cubana va a pasar muy mal en los próximos años porque la senda de crecimiento que han elegido las autoridades no va a facilitar esa recuperación.

A buena parte de los más de 1.700.000 jubilados cubanos que a mediados de diciembre recibieron sus pensiones ya “incrementadas” para el arranque de la llamada “Tarea Ordenamiento”, unos días después del día cero estaban sin dinero.

El aumento de las Casas de Abuelo y la cuota que deben abonar mensualmente se disparó a 750 pesos cubanos, así que muchos decidieron salirse del sistema, al punto que la prensa lo ha reconocido.

El aumento del precio de alimentos en los comedores de personas vulnerables es otro gran escándalo que el gobierno tampoco ha tomado medidas para revertir.

A la subida de las pensiones, que puso la mínima en 1.528 pesos (unos 64 dólares), la ha acompañado una subida de los precios en el mercado informal que mirando desde el punto económico de antes del ordenamiento han subido hasta un cinco porcentaje, sin embargo donde más se ve la subida de precios no es en el partícular de la bolsa negra sino en el mismo Estado que disparó los precios eléctricos y han tenido que rectificar por la cantidad de quejas.

La afectación con el disparó de los precios de los medicamentos algo sensible que en cualquier lugar del mundo mueve manifestaciones pero que en “Cuba donde la salud es un tesoro” hoy pone en boca de todos este aspecto.

El pan de cada día que llegó hasta un 20% de subida, el transporte y hasta la cultura “conquista de la Revolución”.

A estos problemas se suma que el gobierno a robado descaradamente y desamparado a los que tenían sus ahorros, sin darle garantías.

También se ha denunciado que organismo como ETECSA volaban la orden de recoger el cuc.

5-El fracaso de la censura y la represión

En los últimos días del pasado año ocurrió un suceso que movió el mundo, la huelga del Movimiento San Isidro y la unión de artistas e intelectuales puso en la balanza la dictadura de Díaz Canel.

Personalidades de la cultura cubana se pusieron en guardia y declararon con valentía.

A esto se ha sumado una campaña de descrédito contra la oposición cosa que siempre ha sido así, aunque ahora un poco más manipulada.

Lo interesante es que desde el pasado 1 de enero las redes se han llenado de opiniones que no vienen de opositores, es el pueblo quejándose del ordenamiento desordenado.

En fin amigos: los tiempos que corren definen el fracaso del sistema y pone una vez más a prueba cuanto es capaz de soportar el cubano a una dictadura en el poder.

Publicado por Y.Roque

Cubano-Español.PeriodistaIndependiente.Escritor

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