En historia de domingo:La admiración del «gallego» Fidel Castro por Francisco Franco

En septiembre de 1978, el dictador Fidel Castro recibió en su palacio de La Habana, con pistola al cinto y su inconfundible traje de miliciano, al presidente Adolfo Suárez , cuya visita a Cuba inauguraba una nueva etapa entre ambos países tras la muerte de Francisco Franco. El español se había presentado durante décadas como un martillo del comunismo y de sus líderes,de ahí que la diplomacia española esperara, con su desaparición, que algunas puertas bajo la esfera soviética ahora estuvieran más receptivas a hablar. Lo que nadie había calculado en la comitiva española es que Castro dedicara parte de la rueda de prensa a elogiar a Franco por haber «resistido las presiones del imperialismo y comerciado con Cuba».

Aquel discurso –cuenta el diplomático Inocencio F. Arias en sus memorias «Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones»– sorprendió en fuera de juego a algunos medios españoles, que esperaban oír unas cuantas críticas al jefe del Estado recien fallecido. Nada extraño para los que conocían al cubano y su gusto por la provocación. El periodista Pepe Colchero, asiduo a estos viajes oficiales, recogió en su crónica que el cubano incluso dejó caer su revólver al suelo durante la visita, probablemente de forma intencionada, para impresionar a sus invitados. En la rueda de prensa se coló sin estar programado y se mostró locuaz, simpático e histriónico al hablar de la maldad de los EE.UU.

De regreso a casa, muchos periodistas tuvieron que recurrir a la hemeroteca para comprender por qué de aquella admiración y agradecimiento entre dictadores. Norberto Fuentes , su biógrafo, llegó a asegurar que el cubano tenía una foto del gallego en la mesita de noche de su casa familiar en Birán.

Años después de la reunión con Suárez y de otros tantos encuentros con Felipe González, Fidel Castro se decidió a visitar la tierra de su padre el 28 de julio de 1992. Fidel Castro visitó Láncara, en Lugo, donde fue nombrado Hijo Adoptivo de la localidad, participó en la aldea de Armea de una comida que se prolongó durante horas y visitó la casa donde había nacido su padre. «Bien pequeñita es; por eso mi padre tuvo que emigrar», fue el breve comentario que hizo un emocionado Fidel. Entre las lecturas que le acomparon en esta visita a Galicia, estuvieron varios ejemplares de «Los Episodios Nacionales», de Benito Pérez Galdós, un regalo de Felipe González , que, según el líder cubano, le ayudaron a entender muchos de los pasajes de la historia de España y del carácter de los españoles.

Fidel agradeció a Franco que no rompiera las relaciones comerciales con La Habana , pese a las presiones de EEUU y pese a las confiscaciones que sufrió la colonia española. El régimen mantuvo el vuelo trasatlántico de Iberia con la Isla, a los niños cubanos no les faltaron juguetes españoles y el turrón de Jijona por Navidad o los autobuses Pegaso en las carreteras… Conforme creció el comercio bilateral entre ambos países, se firmó la ampliación de los acuerdos, en 1971, que se habían iniciado en 1959. 

No quiso ceder a la presión norteamericana. Actuó con testarudez gallega. No rompió relaciones con Cuba. Su actitud fue firmísima», resumió el dictador cubano en declaraciones recogidas por Igancio Ramonet en «Fidel Castro Biografía a dos voces»

Pero, ¿por qué a Franco le pareció conveniente relacionarse así con un aliado de la URSS? Por un lado, hay que tener en cuenta el aislamiento compartido que sufrían ambos países, así como la preocupación que tuvo la dictadura franquista por evitar que la Cuba revolucionaria se convirtiera, como México, en un refugio para los republicanos exiliados. Fidel Castro recibió a dirigentes comunistas españoles en La Habana, elogiando a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, y a militares republicanos como Enrique Líster y Alberto Bayo. Se dejó querer por la otra España, si bien a la hora de la verdad se impuso la política real y la senda iniciada por Fulgencio Batista, pronto exiliado en España.

Durante el primer año de la Revolución, el embajador Juan Pablo Lojendio logró mantener las buenas relaciones diplomáticas entre ambos países y que no reconocieran al Gobierno de la Segunda República en México. Aquel triunfo aseguró una mesa donde negociar en el futuro.

En enero de 1960, Fidel Castro acusó durante un programa de la televisión pública a la Embajada de España de amparar actividades «contrarrevolucionarias» y a los conventos de religiosos españoles de ocultar armas. Ni corto ni perezoso, Juan Pablo de Lojendio acudió a los estudios de televisión para refutar en directo las acusaciones de Castro.

Relatan que se dirigió a la emisora de televisión, penetró en la sala donde se difamaba a nuestro país, subió al estrado desde donde hablaba Fidel Castro , y ante las cámaras de la televisión expuso rotundamente su protesta, ante el estupor de los asistentes al acto y de quienes lo presenciaban a través de los receptores de televisión o lo escuchaban por la radio.

Aquel gesto costó la expulsión del embajador del país y tensó las relaciones en los siguientes años. Franco, sin embargo, insistió en la conveniencia de llevarse bien con Cuba a cualquier precio.

Las relaciones con Franco no había quien las rompiera. El tabaco nuestro quien lo compraba era España; el azúcar cubano lo compraba España; el ron cubano, señaló Castro en una ocasión.

Algunos de los que habían estado en la Guerra Civil española y después se habían ido para Rusia vinieron,que eran militares como el general Enrique Líster o tenían experiencia, a ayudarnos a organizar las milicias y todas esas cosas. Y Franco no rompió», reconoció Fidel Castro en una de las conversaciones mencionadas con Ignacio Ramonet.

Solo durante la Crisis de los misiles, en octubre de 1962 se frenó el intercambio comercial ante las amenazadas americanas. Estados Unidos amagó con retirar las ayudas económicas a España para que abandonase su postura, pero la renegociación de las bases militares en suelo español aparcó la medida en 1963. 

A la muerte de Franco, Castro decretó como agradecimiento a esta extraña solidaridad tres días de luto, aunque se encargó de que aquello pasara inadvertido para la prensa. No en vano, el redactor de la agencia EFE Francisco Rubiales fue informado del decreto castrista por el embajador de España, Enrique Suárez de Puga. El periodista cuenta en su web Votoenblanco.com que tardó en digerir la información e incluso dudó del embajador: «Estoy hablando en serio. Tengo aquí delante el decreto oficial, firmado por el presidente Oswaldo Dorticós», contestó el diplomático algo molesto.

Cuba decreta duelo oficial, pero quiso mantener esa comunicación en niveles privados para quedar bien con España y, al mismo tiempo, evitar un escándalo internacional. Nadie había previsto que un periodista lanzara la noticia.

Publicado por Y.Roque

Cubano-Español.PeriodistaIndependiente.Escritor

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