Ecuador decide si regresa o no al régimen populista de Correa.

Trece millones de ecuatorianos van hoy a las urnas para elegir presidente de la República en medio de una tormenta perfecta por la mayor crisis económica, social y sanitaria de la que se tenga registro en el país, y con el temor al Covid-19, en instantes que se reportan casos de contagio en alza.

En semejante escenario, Ecuador decidirá entre volver al socialismo del siglo XXI, que Rafael Correa instaló en el país durante una década (2007-2017), y que hoy es alentado por su delfín Andrés Arauz, quien va por el movimiento Unión por la Esperanza (UNES); o decantarse por una propuesta de apertura planteada por Guillermo Lasso, de la alianza CREO-Partido Social Cristiano; o quizá por Yaku Pérez, quien representa al indigenismo, con Pachakutik, su brazo político.

Una campaña de 35 días y con restricciones por las condiciones sanitarias, que han impedido las grandes concentraciones, no ha logrado vencer la apatía del electorado, dentro del cual el hartazgo, por ofertas anteriores fallidas, les habría vuelto escépticos. En este ambiente, la lucha contra la corrupción no ha calado. Sí han tenido repercusión las ofertas de empleo hechas por Guillermo Lasso, que habla de generar dos millones de empleos; las de Arauz, que promete 800.000 plazas, y Yaku Pérez que anuncia crear medio millón de unidades productivas.

La mejor manera de eliminar la pobreza es darle a un pobre un empleo, para que se gane la vida con su trabajo, no mil, ni dos mil, ni cinco mil dólares, comenta a ABC el expresidente de Ecuador Osvaldo Hurtado, quien se muestra preocupado porque la política económica de Arauz. «va a liquidar la dolarización, porque regalará dólares como chocolatines». Se refiere a la oferta de entregar 1.000 dólares a un millón de personas, en la primera semana de gobierno, que habría seducido a los más pobres quienes, sin ingresos, han debido endeudarse.

Que 16 candidatos, entre esos una mujer, busquen la Presidencia es una alegoría de la fragmentación de la política, en la que el disenso y la confrontación partidista son la norma, y las instituciones del Estado, han perdido conexión con la sociedad, hasta que la gente les ha dado la espalda. Con apenas 2% de respaldo, y 60 de sus 137 asambleístas con acciones judiciales, la Asamblea Nacional (Congreso) es una institución repudiada. Mientras que el presidente Lenín Moreno, con niveles históricos de desaprobación (le respalda solo el 7%), apenas si «se sostiene en su propia debilidad», como dice el politólogo y docente César Ulloa.

Si a estas cifras se agregan las de la economía, agravadas por la pandemia, que le han significado una contracción del 9%, un déficit fiscal de 6.000 millones de dólares, una descomunal deuda pública de alrededor de 63.000 millones de dólares (63% del PIB), y el aumento, en 30%, de la pobreza, la tormenta arrecia, lo que ha sido aprovechado por Correa para hablar del bienestar perdido que dice hubo durante su mandato. Sin una pizca de honestidad intelectual, nada menciona de los cuantiosos ingresos que el país tuvo en esa ápoca, por los precios altos del petróleo, que rebasaron los 100 dólares por barril.

Sentenciado a ocho años de prisión por cohecho, con su vicepresidente, varios ministros y altos funcionarios en la cárcel o prófugos por corrupción, Correa ha impuesto una narrativa en la que asoma como víctima de persecución de los «poderes fácticos», y que habría tenido eco en la ciudadanía, reflejado en las altas cifras de apoya a su candidato presidencial. Semejante contradicción en un país que se ha escandalizado con los procesos judiciales en los que se han exhibido pruebas de los sobreprecios, y las imágenes de las obras, muchas de ellas mal hechas y otras, incluso, inexistentes como la refinería del Pacífico, proyecto en la que se gastó 1.500 millones de dólares para aplanar un terreno, solo podría ser explicada por lo que revela un estudio publicado en el último Barómetro de las Américas (2018-2019), que da cuenta de que 25,4% de ecuatorianos justifica el pago de algún soborno o coima, si este ha resuelto alguna necesidad que tuviera. «A la gente no le interesa si una obra se hizo con sobreprecio, sino que se haya hecho».

La gente ha recibido con expectativa la promesa de los candidatos de implementar planes de vacunación contra la Covid-19; pero ha causado repudio el anuncio de Arauz de amnistiar a los sentenciados. No solo es una declaración temeraria, que supondría perpetuar la impunidad de decenas de sentenciados, entre los que está su mentor, Rafael Correa, quien vive en Bélgica -aunque estos días estaría en México-, sino una mala noticia para la independencia de la justicia, amenazada por quienes, durante 10 años, la usaron para perseguir a sindicalistas, indígenas, estudiantes, ecologista, periodistas.

Ha llamado la atención que, en las últimas horas, Correa haya apuntado sus dardos en contra del candidato Indígena, a quien califica de «mitómano». Algunos dicen que coincide con la supuesta subida de Pérez en las encuestas. En medio de estas declaraciones, y sin mayor revuelo, Correa ha dicho algo grave: «Si no hubiera sido por gente como Pérez (Yaku), que protegieron a Moreno, quizá ya tuviéramos otro gobierno», ha declarado, admitiendo así que las violentas manifestaciones de octubre de 2019, contra la eliminación de los subsidios a los combustibles, en las que hubo once muertos, se incendió la Contraloría y destruyó el Centro Histórico de Quito, fue un fallido golpe de Estado.

Una carambola del destino enfrenta a Rafael Correa con Lenín Moreno cuatro años después de que el expresidente lo instalara en el poder. Que haya abandonado el proyecto ha sido para Correa una «traición». De la «revolución ciudadana» queda poco. Una consulta popular, que tuvo enorme apoyo, la desmontó. Las autoridades de control, Fiscalía, Procuraduría, Contraloría. Superintendencias y más, ya no están en manos del correísmo. En la Asamblea Nacional también perdió su hegemonía. La maquinaria propagandística, subsiste.

Cómo habrá sido de malo el Gobierno de Moreno que, hoy, no tiene candidato, que Correa pretende hacerse pasar por honesto, teniendo él y parte de su plana mayor, sentencia ejecutoriada.

Las elecciones de hoy, donde incluso salir a votar plantea un dilema sanitario, tienen dimensiones históricas. Los ecuatorianos deciden regresar al populismo, o escoger a alguien entre quienes proponen una gestión responsable de la economía y respeto a las libertades.

Publicado por Yordan Roque Álvarez

Nacido en Cuba en 1983, Ciego de Ávila, Profesor de Historia , escritor y periodista e investigador,trabajó en la prensa independiente de su país en la Agencia de Prensa Libre Avileña (APLA), emigró a Rusia en el 2013, donde realizó un diplomado de periodismo y trabajó como Guía Turístico en el Kremlin de Moscú, también fue colaborador del Comité de Asistencia Cívica de Moscú, en 2018 obtiene la ciudadanía española y se va ese país donde reside actualmente, fue Administrador General de la Editorial Ribadeo SLU y ha escrito varios libros entre sus obras está el libro "El camino angosto en busca de la libertad", "Juegos del Corazón", "La columna del Terror", "La Jungla de Espionaje"además de realizar investigaciones relevantes sobre el descubrimiento en Venezuela de Tropas Cubanas,. Ha residido además en Holanda, Alemania.

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