La matanza que se produjo a causa de una orden firmada por Stalin.

Como recordaréis, Alemania y la URSS habían invadido Polonia en septiembre de 1939, repartiéndose el país en virtud del protocolo secreto adjunto al Pacto Pacto Ribbentrop-Mólotov, un protocolo por el que Hitler y Stalin se repartían Polonia, las Repúblicas Bálticas y Finlandia. En la zona de ocupación soviética el NKVD, la policía secreta de Stalin, instaló prisiones en Białystok, Grodno, Brześć, Głębokie, Wilejka, Baranowicze, Pińsk, Łuck, Równo, Drohobycz, Tarnopol, Stanisławów y Lwów. En ellas fueron recluidas miles de militares y civiles polacos, desde prisioneros de guerra hasta miembros de la resistencia polaca, incluyendo a intelectuales, empresarios, sacerdotes y diversos elementos que fueron etiquetados como “contrarrevolucionarios”. El 5 de marzo de 1940 Stalin firmó una orden, redactada por Lavrenty Beria, jefe del NKVD, ordenando la ejecución de esos prisioneros, que se llevó a cabo en los meses de abril y mayo de 1940. En la orden de Stalin se especificaba la cifra de prisioneros que debían ser asesinados: 18.632. Esta cifra incluía:

  • 1.207 oficiales del Ejército polaco.
  • 5.141 policías.
  • 347 personas clasificadas como espías y saboteadores.
  • 465 funcionarios y propietarios de fábricas y de terrenos agrícolas.
  • 5.345 miembros de la resistencia polaca y prisioneros tachados como elementos contrarrevolucionarios.
  • 6.127 fugados.

La matanza de los prisioneros se organizó en tres campos especiales: Kozelsk (más de 4.410 ejecutados, según la documentación soviética), Starobelsk (más de 3.739 ejecutados) y Ostashkov (al menos 6.314 ejecutados). Finalmente, y según los datos recopilados por el Instituto de la Memoria Nacional de Polonia, fueron ejecutados al menos 21.768 prisioneros polacos en Katyn, Kharkov, Smolensk, Kalinin, Moscú y otras localizaciones. El objetivo de la masacre era liquidar a la cúpula intelectual y social de la República de Polonia, para que así el país fuese más fácil de someter a las nuevas autoridades comunistas.

Como ya os conté aquí en febrero, uno de los encargados de las ejecuciones fue el oficial del NKVD Vasily Blokhin, que hoy en día es considerado el asesino más prolífico de la historia: asesinó personalmente a 7.000 prisioneros polacos, en su mayoría miembros de la Policía Estatal y del Cuerpo de Protección Fronteriza de Polonia, asesinados en la prisión del NKVD en Kalinin, siendo enterrados sus cadáveres en fosas comunes en Miednoje. Para las ejecuciones se emplearon pistolas alemanas Walther, que los alemanes habían entregado en grandes cantidades a sus aliados soviéticos en la invasión de Polonia. Blokhin consideraba más fiables y cómodas estas pistolas que las soviéticas Tokarev TT-30 para la ejecución masiva de prisioneros, pero lo que determinó la elección de esas armas fue que eran las pistolas reglamentarias de la Gestapo, de forma que si se descubría la masacre, la URSS podría culpar a Alemania alegando las pruebas de balística. Estamos, así pues, ante una gran matanza que fue planificada por los soviéticos como una operación de bandera falsa.

El hallazgo de las fosas de la matanza de Katyn fue posible debido a que los alemanes invadieron la URSS en 1941, y los lugares donde se perpetraron las ejecuciones quedaron bajo el dominio del Tercer Reich. Con el permiso de los alemanes, la Cruz Roja Polaca examinó el lugar, identificando a más de 4.000 oficiales polacos que habían sido capturados por los soviéticos en 1939. El hallazgo de las fosas provocó un terremoto político en el bando aliado. El Primer Ministro del Gobierno polaco en el exilio, el general Wladyslaw Sikorski, había viajado a Moscú el 3 de diciembre de 1941 y le había preguntado a Stalin por el paradero de miles de oficiales polacos que habían sido hecho por los prisioneros en 1939 y que no habían vuelto a sus casas. Stalin había mentido a Sikorski, diciendo que esos prisioneros se habían escapado y se habían ido a Manchuria, a más de 6.000 kilómetros de Polonia. Tras conocerse el hallazgo de las fosas de Katyn, la URSS cambió su versión y Stalin culpó a los alemanes de la masacre.

Sikorski se reunió con el Primer Ministro británico, Winston Churchill, el 15 de abril de 1943, indicándole que había pruebas que apuntaban a la autoría soviética de la matanza. Churchill se puso del lado de Stalin y aconsejó a su homólogo polaco no remover el asunto, en un intento de no tensionar las relaciones entre los aliados. Con todo, Sir Owen O’Malley, embajador británico ante el Gobierno polaco en el exilio, remitió a su Gobierno un informe sobre la masacre de Katyn el 24 de mayo de 1943, confirmando la culpabilidad de los soviéticos. El informe fue acogido con irritación por Churchill y su gabinete, que habían decidido apoyar públicamente la versión soviética. Estados Unidos también dio por buena la mentira de Stalin, llegando a ocultar varios intentos de que se conociese la verdad, como el informe sobre Katyn redactado por el teniente coronel John H. Van Vliet en 1945, que fue clasificado y desapareció misteriosamente de los archivos del Pentágono. El propio teniente coronel destapó lo ocurrido en 1950.

A pesar de las presiones de los británicos y los americanos, Sikorski pidió que la Cruz Roja Internacional llevase a cabo una investigación de lo ocurrido. Churchill y Roosevelt se opusieron, creyendo que una investigación bajo la jurisdicción alemana no tendría garantías de veracidad. A raíz de esa petición de Sikorski, la URSS rompió relaciones diplomáticas con el Gobierno polaco en el exilio el 25 de abril de 1943, acusándole de colaborar con los alemanes. El 4 de julio Sikorski y su hija morían al estrellarse su avión nada más despegar de Gibraltar, un hecho que dejó descabezado al Gobierno polaco en el exilio y a las fuerzas militares polacas en Occidente. Las extrañas circunstancias del accidente -si es que lo fue- y lo oportuno que resultó para Stalin hacen que aún hoy éste sea uno de los hechos más controvertidos de la Segunda Guerra Mundial, sin que todavía se haya determinado exactamente a qué se debió la caída del avión. Los documentos secretos del Gobierno británico sobre el accidente no se desclasificarán hasta 2050.

Tras el final de la guerra, Stalin impuso en Polonia un gobierno títere de la URSS. Aunque el Gobierno comunista polaco conocía los documentos del NKVD ordenando la masacre de prisioneros polacos, insistió en seguir apoyando la versión soviética. La versión real de lo ocurrido fue objeto de censuras y represalias. La enciclopedia de la República Popular Polaca ni siquiera incluyó una entrada sobre Katyn, y en la cruz en homenaje a los prisioneros de Katyn que se colocó en el cementerio de Powązki, en Varsovia, no se inscribió ninguna fecha, ya que la auténtica (1940) habría señalado a los soviéticos. A pesar de ello, los defensores de la verdad sobre lo ocurrido siguieron luchando por darla a conocer. El 21 de marzo de 1980 hubo una manifestación contra las mentiras sobre Katyn en la Plaza del Mercado de Cracovia, durante la cual se suicidó Walenty Badylak, un antiguo soldado del Armia Krajowa, la principal organización de la resistencia polaca, fiel al Gobierno polaco en el exilio.

Publicado por Y.Roque

Cubano-Español.Periodista Independiente.Escritor de varios libros, nacido en Cuba, perseguido por la Seguridad del Estado Cubana.

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