Historias de Domingo: sobreviví.

Cuando un día escuche la historia de Bernardo Díaz pensé, ¿no puede ser que en esta Revolución ocurrió tal situación? Era el año 2001 un año antes de fallecer, aquel anciano vecino mío miraba al cielo como diciendo:¡ llévame Dios!.

Recuerdo sentarme a su lado y compartir un trago de “Chispa de tren” y el mirarme para balbucear: “es increíble que tantos años de este comunismo y nadie se dé cuenta del mal que representa”

-¿Por qué dice eso Bernardo? Pregunté.

-Hijo, si te cuento nos llevan preso a los dos. Me responder.

La historia de Bernardo es la de muchos en Cuba, antes de 1959 el era dueño de la tienda “El Porvenir” en el municipio Morón en Ciego de Ávila, las fotos son el único recuerdo que le queda a Bernardo de su esfuerzo.

En su tienda podías comprar desde la tela para el vestido de novia, hasta el café. Me contó que su padre era un simple “retranquero de tren”, y que para 1948 eran 8 hermanos, y sólo una hembra cuando el cumplió 13 años iba a recoger café a las lomas de oriente y así fue que ahorró dinero para ir a la Habana donde hizo un técnico en economía, su padre pagó estudios a todos con el salario de su trabajo, cinco de sus hermanos solo estudiaron hasta sexto grado, pero el hizo el bachillerato y el técnico lo hizo en la Habana.

“Muchos piensan que era malo”, yo digo que el hombre necesita crecer y tener objetivos y responsabilidades, por eso ahora nadie le importa nada, ni estudiar, ni trabajar”

“Mi objetivo era superarme, y lo logré, mi familia era pobre, pero vivíamos como humanos”, en la casa siempre en el rancho teníamos carne de res salada, latas de carne de cerdo en manteca, viandas, sacos de arroz, todo eso lo compraba mi padre en el tiempo de zafra que era cuando más pagaban.

Eran tiempos en que nos divertimos mucho, disfrutábamos de montar a caballo e ir al río.

Cuando me fui a la Habana, yo trabajaba de cantinero en las noches, y por el día estudiaba, así en dos años regresé a Ciego de Ávila.

Allí me fui de técnico económico en el Central Adelaida, yo ganaba 143 pesos cubanos, y con eso mantenía a mi familia, pagaba la medicinas de mis padres y vivía como rey. Tres años estuve en el central, pero mi ambición era tener mi negocio, así que abrí la tienda, yo facturaba diariamente hasta 400 pesos, en aquel entonces era una fortuna.

Recuerdo que la gente venía a buscar alimentos que me pagaban 6 meses después, pero nunca tuve problemas que nadie dejará de pagar, era cuando un kilo de azúcar costaba un centavo, y de contra te regalaba un paquete de caramelos.

Para 1958, un amigo llamado Faustino me dijo: Bernardo, esto se jodió, creo que el barbudo está ganando la guerra y dice que es: comunista, yo no sé tú pero yo me voy de aquí, ¡vámonos a EEUU!.

Le respondí: ¡Que va!, aquí yo tengo todo lo que con trabajo he logrado,¿cómo me voy a ir?, ¡que error el mío!.

En 1959, comenzó el furor comunista, pronto comenzaron las campañas, la sumisión, las amenazas de quitarme la tienda.

El proceso de nacionalización en Cuba: La Ley No. 851 del 6 de julio de 1960, comenzó de un día a otro. Yo estaba en casa, era un domingo, y veo llegar un grupo de militares milicianos, preguntaban por mí.

-¡Bernardo Díaz! Dijo el hijo de puta Teniente Miguel Bañobre.

-¡Dígame! -respondí

-Vamos, necesitamos que nos abra la tienda.

Eran cerca de las 9 am. A las 12 del mediodía habían cargado toda la mercancía en camiones, los refrigeradores, las pesas, el dinero de la venta del día anterior, todo, absolutamente todo. Yo trataba que me explicarán y una sola respuesta: ¡esto pasa a manos de la Revolución!

-¿Pero quién es la Revolución para llevarme el sacrificio de años?

-La Revolución es el pueblo. Dijo otro oficial.

Después de estos sucesos comencé a reclamar lo mío.

El 12 de octubre de 1962 me arrestaron y me llevaron a la prisión sanguinaria de Camagüey, allí me dijeron que podían fusilar, nos bañaban con agua a presión y cada día sobre las 4 de la mañana oía los disparos de los que fusilaron. En lo que fue un juicio de tres personas un juez me acusó de haber dado comida a unos “alzados” y la condena, “pena de muerte”, por suerte para mí pude enviar a mi casa la sentencia despidiéndome de todos.

Pero bueno no era mi tiempo, el jefe de los milicianos, en Morón era un joven que siempre yo ayudé a él y su familia, y al enterarse de la injusticia intervino, y fue así que pase 10 años de mi vida cautivo.

Salí en 1972, mi familia se había destruido, mi esposa se fue con otro, no la culpar, era lógico, mis hijos se habían vuelto revolucionarios, mis padres habían fallecidos. ¿Qué hacer con mi vida?

Esta es la Revolución de Castro, la de los humildes y para los humildes, y entre más humilde mejor.

Después de salir de la cárcel trabajé en una cooperativa de agricultor, porque no me dejaban tener ningún puesto de técnico económico “porqué yo no pensaba revolucionariamente”

Entonces yo te pregunto:¿Crees tú que yo debo agradecer algo a esta Revolución?

Recuerdo que le miré y dije:- que dura es la vida, ¿verdad?, el me sonreír y dijo:

No importa: ¡sobreviví!

Desde ese momento comencé a entender el sistema dictador cubano. Bernardo murió el siguiente año de esta conversación, aún cuando veo fotos de mi barrio y veo la planta de almendra que al parecer es lo único que soporta a la Revolución,me acuerdo de que tenemos que seguir luchando, para que nuestra patria sea vida y no más muerte.

Publicado por Y.Roque

Cubano-Español.Periodista Independiente.Escritor de varios libros, nacido en Cuba, perseguido por la Seguridad del Estado Cubana.

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