Hola Biden…

Por : Pedro Junco

Biden está sentado en espera a que el gobierno cubano le pida conversar. Hasta se ríe de las maromeras caravanas que, a costo de mucha moneda dura, se gasta “Cuba” para organizar en “cincuenta países”, como acaba de anunciar Abdiel Bermúdez en el Noticiero Estelar de Televisión. Los asesores del nuevo presidente norteamericano han de estar revolcados de risa ante “el desespero del ahogado” de los portavoces gubernamentales que, por una parte quieren justificarle el colapso económico a una población hambrienta, y por la otra presentan un platillo de mendigo al mundo, exponiendo al pueblo cubano como víctima lastimosa.
Y de cierta manera es innegable que el pueblo cubano hoy está al borde de la mendicidad y de la hambruna; lo que no es cierto es que la culpa sea “del bloqueo genocida” como nombran y apellidan al embargo comercial norteamericano. Porque el verdadero bloqueo que azota a la población es, con respecto al hambre, el monopolio estatal sobre las fuerzas individuales generadoras de alimentos que restringe, castra y decepciona su interés ante la inasequible comercialización libre de sus productos.
¿Acaso Los Estados Unidos prohíben capturar peces y mariscos que habitan los mares cubanos? ¿Tiene potestad el gobierno norteamericano para impedir al residente de este país cosechar, criar y vender el fruto de sus propiedades, sobre todo las carnes de sus cerdos y sus reses? Esas respuestas pueden responderlas hasta parvulitos de seis años.
El bloqueo interno no afecta solamente al plato de comida que cada uno de los once millones de cubanos debe llevarse a la boca diariamente. Aplasta también a muchas necesidades perentorias del diario vivir del ciudadano común, situándolo en un plano de ente socialmente inferior, como un simple plebeyo feudal.
Hasta el actor Luis Silva –el admirado y querido “Pánfilo”– expresó en Facebook hace solo unos días la realidad del supuesto bloqueo. El gobierno de los Estados Unidos permite entrar a este país todo lo que se desee importar. Porque el bloqueo real, el injusto, el inmisericorde, está en las aduanas de los aeropuertos cubanos. Dígase mañana que todo cubano en el exterior puede enviar un carro a un familiar suyo a la Isla y nuestras calles se llenarán de automóviles modernos. Dígase mañana que se permitirá entrar al país, excepto sustancias nocivas, todo tipo de mercancías y alimentos sin restricciones, y no habrá familia cubana que no reciba el beneficio gratuito de una comunidad que hace seis década salió de aquí totalmente esquilmada y hoy se presenta pródiga.
Pero ¿qué consecuencias traería esto para la nomenclatura del poder? Esa es la carta que no pueden jugarse. Saben que están sobrando, pero no sueltan las riendas.
Mientras, infelices periodistas jóvenes como Abdiel Bermúdez Bermúdez, venden sus talentos por un plato de lentejas, desconociendo que la luz al final del túnel está muy cerca y que, llegado el día de la verdad, perderán como Esaú, su primogenitura.

Publicado por Y.Roque

Cubano-Español.Periodista Independiente.Escritor de varios libros, nacido en Cuba, perseguido por la Seguridad del Estado Cubana.

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