La ofensiva del Marxismo Cultural

Atrás han quedado los años en los cuales los hombres podían escribir esta misma frase sin preocuparse de ser socialmente apedreados. No es que antes hayan querido plasmar la marginalización intencional de las mujeres de la sociedad sirviéndose de la gramática (como algunos proponen hoy en día) sino, más bien, nuestra sociedad carecía de los incansables gendarmes y protectores de la manoseada justicia social, que con su arsenal de redes sociales, están prestos para confinar a cualquiera que atente contra el orden establecido por ellos mismos.
Me atrevería a decir que este “nuevo orden” — término dramático, por cierto — comenzó por la academia. Hasta cierto punto, los marxistas de antaño lograron su objetivo: conquistaron los medios de producción, aunque no los económicos — su principal anhelo. Más bien, encontraron en los medios de producción intelectual un aliado más poderoso. Una sociedad cegada por el consumo no se molestó en entregárselos sin vacilar. Poco a poco, mutaciones de sus ideas originales fueron permeando la academia, que sin darnos cuenta se transformó en un centro de esparcimiento de las ideas más contrarias a la sociedad. En aquellas aulas, el resentimiento de los que antaño habían visto con esperanza y expectación los fallidos experimentos socialistas y marxistas de la segunda mitad del siglo pasado, fue acumulándose como vapor en una olla de presión sin escape. El estallido era inminente.
Vivimos en los tiempos de ese estallido. Nunca sabremos cuál era la real intención de la escuela de Frankfurt. Pero si realmente era la destrucción de la sociedad capitalista a través del traspaso de ideas en la academia, debo decir que lo han logrado con creces.
El Marxismo Cultural — aquella forma de marxismo que, para decirlo vagamente, ya no busca las emancipaciones de las clases obreras, sino de subculturas de la sociedad que, según ellos, han sido explotadas, excluidas y marginalizadas — ha puesto en antagonismo cada sector de la sociedad, no sólo a los ricos y a los pobres. Ha enemistado a hombres y mujeres, a negros y blancos, a cristianos y progresistas, a heterosexuales y grupos LGBT(QIA), a patriotas y patiperros, a campesinos y citadinos.
Yo mismo me encuentro dentro de un lado de esta dinámica, por la fuerte convicción que me embarga por dentro: que las ideas del marxismo cultural tienen por objetivo destruir nuestra sociedad, y que lo están haciendo. Esta no es la típica lucha por ganar unos cuantos derechos, como lo fue en su momento la lucha por el divorcio o por la píldora del día después. Aquí hay algo más. Se demanda el culto al emperador desnudo. Que todos sus súbditos participen de sus “bondades” y se postren ante él, o se atengan al ostracismo o la exterminación.
Aquellos que en su momento buscaron hacer estallar el capitalismo a punta de bombas, ahora lo hacen con un arma más peligrosa. Lo quieren hacer implosionar desde la cultura, desde las ideas. Lo quieren destruir desde dentro, y con ello la cultura occidental: la semilla plantada por la academia está madura.
Miremos el ejemplo del marxista cultural tipo, espécimen abundante en campus universitarios de las humanidades. Lucha fuertemente por los derechos de la mujer, por una sociedad más progresista y menos religiosa. Sin embargo, no puede dejar de apoyar grupos Islámicos, pertenecientes a culturas extremadamente religiosas y opresoras de la mujer. Para él, es un deleite que la ley sharia se aplique países occidentales como Suecia, y que oleadas de inmigrantes diluyan la identidad cultural de un país. Le fascina la falta de patriotismo — porque siempre fue un elemento de cohesión occidental — y el desorden y la flexibilidad — porque el orden y la estabilidad siempre han sido ideales de la sociedad de libre mercado.
Estas ideas y contradicciones encuentran su explicación más racional en un único denominador común: la implosión de occidente. Los ejércitos de la próxima guerra ideológico-cultural ya están alineados. La previa ha sido favorable para los marxistas culturales, y ellos tienen la ventaja de la opinión pública. Tal como el Fürer lo hizo en su momento, han logrado demonizar a sus adversarios y presentarlos como enemigos dignos de ser destruidos, de ser marginalizados, de ser despojados. En realidad, el odio viene de un sólo lado, porque el discurso cultural del marxismo así lo ha plasmado: te han discriminado, te han renegado, te han rechazado; ahora es tu momento para tomar venganza.

Colaboración: Oposición de la oposición.

Publicado por Y.Roque

Cubano-Español.Periodista Independiente.Escritor de varios libros, nacido en Cuba, perseguido por la Seguridad del Estado Cubana.

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