La aventura congolesa de Che Guevara: “Esta es la historia de un fracaso”

El 24 de abril de 1965, cuando Ernesto “Che” Guevara y 13 militares cubanos se internaron en la selva congolesa para unirse a las fuerzas guerrilleras del autotitulado Comité Nacional de Liberación, se iniciaba la más desastrosa y peor planificada aventura del castrismo en África.

El Che Guevara durante su estancia en el Congo,Foto de archivo

El grupo de Guevara ─quien había viajado con un pasaporte falso a nombre de Ramón Benítez─ procedía de Tanzania, adonde había arribado cinco días antes, el 19 de abril. El gobierno de aquel recién independizado país, presidido por Julius Nyerere, que apoyaba a los rebeldes del suroeste del Congo, les facilitó el avituallamiento y el cruce de la frontera.

Con la excepción de Harry Villegas, Carlos Coello y el propio Guevara, el resto de los 120 soldados cubanos que fueron escogidos para la misión secreta en el Congo eran negros. Su jefe confiaba en que el color de su piel dificultaría que se descubriera que eran extranjeros y no congoleses.

Aventurero por naturaleza, Guevara se aburrió de ocupar importantes cargos de gobierno en Cuba para los que no estaba apto, algo que entendió debido los estropicios que ocasionó al frente del Banco Nacional y como ministro de Industria. Luego de cansarse de polemizar con Carlos Rafael Rodríguez sobre la economía del socialismo, el argentino se obsesionó por “crear dos, tres, muchos Vietnam”.

Che Guevara consideró que las condiciones en el Congo, un país con porosas fronteras con nueve países, eran las idóneas para la consolidación de un gran foco guerrillero que, desde “las zonas liberadas” y con el apoyo de Tanzania y Argelia, extendiera la insurgencia comunista por gran parte del continente africano.

La misión fue mal desde el principio. El primer disgusto de los jefes rebeldes con Che Guevara se produjo porque este llegó a la zona de combate sin avisarles ni esperar su aprobación. La habitual altanería de Guevara, que aspiraba a dirigir las operaciones y no simplemente a asesorar a los guerrilleros, lo hizo todo peor. Los congoleses no tardaron en rechazar a aquel arrogante extranjero blanco que no se esforzaba por conocer sus costumbres ni comprender sus problemas internos y que mal disimulaba que no los tenía en buena estima como combatientes.

Debido a sus inconfesados resabios racistas, Che Guevara mostró por los congoleses un desprecio similar al que mostraría dos años después, en 1967, en Bolivia, por los “soldaditos” de rasgos indígenas y piel cobriza que acabarían por darle caza y exterminarlo a él y sus hombres en su última aventura guerrillera.

Las malas relaciones con los líderes congoleses quedarían evidenciadas posteriormente en escritos de Guevara donde hizo duras críticas al desempeño de Laurent-Désiré Kabila, uno de los jefes guerrilleros, que 32 años más tarde, en 1997, luego de derrocar al régimen de Mobutu, ocuparía la presidencia de la República Democrática del Congo (antiguo Zaire).

Che Guevara y los cubanos, que no lograron aprender ni unas pocas frases en suajili, se sentían frustrados por no lograr corregir la desorganización e indisciplina de los congoleses. A eso se sumaba el malestar por el calor, los mosquitos y demás insectos de la jungla, muchos de ellos transmisores de peligrosas enfermedades.

Cuando Tanzania cesó su apoyo a la insurgencia, empezaron a sucederse los reveses de los rebeldes, que huían en desbandada ante el avance de los mercenarios reclutados en Europa por el gobierno congolés.

En carta a Julius Nyerere ─el gobernante tanzano─, Guevara le reprochó: “Cuba ofreció ayuda sujeta a la aprobación de Tanzania, esta aceptó y la ayuda se hizo efectiva. Era sin condiciones ni límites de tiempo. Comprendemos las dificultades de Tanzania hoy, pero no estamos de acuerdo con sus planteamientos. Cuba no retrocede de sus compromisos ni puede aceptar una fuga vergonzosa dejando al hermano en desgracia a merced de los mercenarios”.

No obstante, pocos días después de escribir la carta a Nyerere, el 20 de noviembre de 1965, Che Guevara y los soldados cubanos tuvieron que huir apresuradamente del Congo, cruzando de noche el lago Tanganika y refugiándose en Tanzania, con las fuerzas enemigas pisándoles los talones. Poco faltó para que los mataran o los hicieran prisioneros.

De haber sido capturado Che Guevara, se hubiera revelado la identidad de Tatu ─en suajili, el jefe, como lo llamaban los africanos─ y habría estallado un escándalo internacional por el fuerte involucramiento del gobierno cubano en el conflicto congolés.

“No hubo un solo rasgo de grandeza en esa retirada”, reconocería amargamente Guevara en Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, como llamó a los apuntes que escribió durante las varias semanas que pasó refugiado en la embajada cubana en Dar es-Salaam antes de poder volar ─otra vez con identidad falsa─ a Praga.

Nueve militares cubanos murieron durante los nueve meses que duró la campaña guerrillera de Che Guevara en el Congo. Pero solo los jefes y los familiares de los fallecidos se enteraron de sus muertes. Pasarían muchos años antes de que el régimen cubano diera la versión oficial de aquella operación supersecreta y se publicara, en 1999, el libro de Guevara sobre la misión en el Congo que se iniciaba advirtiendo: “Esta es la historia de un fracaso”.

Luego de pasar cinco meses oculto en una casa de seguridad de la inteligencia castrista en Checoslovaquia, Che Guevara regresó a La Habana en noviembre de 1966. Pero las autoridades ocultaron su presencia en Cuba. Solo su esposa y un pequeñísimo grupo de colaboradores pudieron verlo. Y tan disfrazado estaba que les costó identificarlo.

Poco más de un año antes, en octubre de 1965, durante el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro, para desmentir rumores, había hecho pública la carta de despedida de Guevara, donde renunciaba a la nacionalidad cubana, a sus cargos en el gobierno, y anunciaba: “otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”.

Así, el Comandante en Jefe, que estaba muy preocupado por los disgustos que le ocasionaban con sus camaradas soviéticos los desplantes heréticos y rayanos en el trotskismo y el maoísmo del comandante argentino, no le dejó, por moral, más opción a Che Guevara ─que ya que había fracasado en el Congo─ que irse a crear un nuevo foco guerrillero, esta vez en Bolivia. Allí moriría, sin recibir ayuda del gobierno cubano, el 9 de octubre de 1967.

TOMADO DE CUBANET

Publicado por Roque

Cubano-Español, mi opinión es simplemente eso.

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