‘Solo me queda robar, literalmente robar’: familias cubanas ante la cada vez más grave escasez

Cola en una bodega de Los Sitios, La Habana. J. E. RODRÍGUEZ DIARIO DE CUBA

Desde que comenzó este año, Gustavo Dreke no sabe lo que es el sosiego y a duras penas puede conciliar el sueño. A cargo de su esposa y sus tres hijos —una adolescente de 14 años y dos menores de cuatro y ocho años de edad—, no sabe ya a qué estrategias recurrir para alimentar a su familia durante el mes.

Solo me queda robar, literalmente robar“, admitió Dreke, quien tiene acumulados más de 30 años de trabajo como mecánico automotor en empresas de transporte habaneras. Meses antes de iniciarse el proceso de “ordenamiento monetario y cambiario” en la Isla, Dreke creía que nada podría ser peor que una política económica de más de seis décadas, fracasada y combinada con una pandemia mundial como el Covid-19.

“Me equivoqué. La ‘Tarea Ordenamiento’ nos hundió en pronósticos que, al menos yo, creí que no llegarían a suceder. Tengo días malos y días menos malos, pero nunca regulares ni buenos”.

Con un salario de unos 3.000 pesos mensuales, Dreke está obligado, junto a su esposa, a invertir hasta ocho horas diarias en las colas frente a establecimientos en moneda nacional, severamente desabastecidos y que, en la mayoría de las ocasiones, el Estado surte con un solo producto, dos veces por semana, en los territorios de la periferia habanera.

“Lo peor no son las colas, sino la espera; el suspenso de que la mercancía llegue y, milagrosamente, alcance para todos. Me paso más tiempo en las colas que atendiendo mis obligaciones laborales. Mi esposa tuvo que renunciar a su trabajo, como operaria en un laboratorio farmacéutico, porque nunca le llegó por escalafón el círculo infantil de los más chiquitos, y nuestra economía no podía permitirse pagar por ‘cuido’ particular, porque no tenemos la fortuna de recibir remesas del exterior”, puntualizó Dreke.

Durante un recorrido por varios territorios habaneros se pudo corroborar que, más del 70% de las tiendas que operan en pesos están totalmente desabastecidas, como promedio, cinco días de la semana. Casi siempre las surten con un solo producto: o aceite, o picadillo, o pollo, o latas de conservas. Son excepcionales las ocasiones, comentaron habaneros preguntados, en las que hay tres o más productos a la venta, ya sean alimentos o artículos de aseo personal.

“Ni pollo por pescado, ni croquetas por hamburguesas, ni picadillo por conserva. Hay semanas que ni siquiera encuentras agua, que es con lo único que pueden llenar las estanterías”, dijo María Isabel Llánez, empleada de una textilera del Estado quien devenga un salario de 3.400 pesos mensuales, pero lleva más de seis meses interrupta por falta de materia prima.

“Quizá si el desabastecimiento fuese de productos y mercancías que históricamente estaban en la lista de la escasez, ya una estaba acostumbrada. Pero el problema es que el desabastecimiento es de todo: desde cigarros hasta ron, desde productos de aseo personal hasta condimentos, desde medicamentos hasta fósforos”, señaló Llánez, madre soltera de dos menores de edad, para quien alimentar a sus hijos es “un agobio cotidiano”.

“Lo primero es el propio dinero. Después, el tiempo invertido en las colas con el riesgo de contagio con Covid-19, y mis hijos que no comprenden, por su edad, que su mamá no pueda comprarles todo lo que quieren, más el tiempo que se quedan bajo el cuidado de sus abuelos mientras yo zapateo La Habana en busca de una tienda surtida. Es vergonzoso que mientras haces una cola de cuatro horas para comprar un pomo de aceite, dos jabones pequeños y dos latas de atún también pequeñas, en la acera del frente la cola sea para la tienda en Moneda Libremente Convertible (MLC), donde siempre hay, como mínimo, más de 15 productos“, criticó.

En lo que va de año, sumado a los últimos seis meses del anterior, ninguna de las tiendas en moneda nacional ha estado abastecida, siquiera mínimamente, con alimentos que no sean pollo o picadillo. Según testimonios de los habaneros, incluso el trato de los policías y de las brigadas anticoleros suele ser más amable en las tiendas MLC, que en aquellas otras que venden en moneda nacional y que son la única opción para la mayoría de los cubanos.

Jubiladas desde hace diez años, tras casi 40 años como empleadas del Estado, Fernanda y Luisa Morales Águila no logran comprender “cómo el Gobierno, en plena pandemia, dolariza la economía“.

“Estamos hablando de un país donde la producción de bienes de consumo es prácticamente nula, con una dependencia obligada a las importaciones, sin importar las afirmaciones desacertadas de (Miguel) Díaz-Canel acerca de la mentalidad importadora”, dijo Fernanda, exprofesora de Planificación de la Economía Socialista.

“Mi hermana y yo hemos sobrevivido los últimos dos años gracias a nuestros respectivos hijos, que viven en Portugal y Francia”, apuntó Luisa, exeducadora de círculos infantiles. “Un jubilado que cuente solo con su chequera es casi un muerto viviente si abres bien los ojos al panorama que actualmente atraviesa el país. A nuestras edades no podemos espantarnos dos o más horas de colas, y eso si encuentras la tienda con algo de surtido, cosa que es francamente rara; casi algo milagroso”, concluyó.

TOMADO DE DIARIODECUBA

Publicado por Roque

Cubano-Español.

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