UE-Cuba: acción exterior y cinismo político

Desde hace mucho tiempo no se reciben buenas noticias desde la Unión Europea en relación con Cuba. Da igual lo que suceda en las calles de la isla. Ni pronunciamientos, ni comunicados de condena. Incluso, el reconocimiento de «errores» en la embajada de Bruselas en La Habana, por parte de Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, ni siquiera provocó el cese del embajador Alberto Navarro.

Foto/ ABC Cuba-UE

En otros tiempos, el liderazgo de España facilitaba una mayor vigilancia de la UE sobre las violaciones de derechos humanos en la isla. Ahora, en temas tan sensibles, parece que Madrid y Bruselas solo serían capaces de reaccionar si, lamentablemente, se produjera un baño de sangre en Cuba, como alertara en su momento Oswaldo Payá Sardiñas.

Es imposible actuar decentemente cuando, incluso en la teoría, se cometen graves errores que confunden a la opinión pública internacional y envalentonan a los represores en el Palacio de la Revolución.

Por ejemplo, la Estrategia de Acción Exterior (2021-2024), aprobada por el gobierno español recientemente, asegura que Cuba «se encuentra en un momento de actualización de su modelo político y económico». Es evidente que solo la diplomacia española es capaz de apreciar alguna actualización política en la isla. Los informes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, Amnistía Internacional, Human Right Watch, Reporteros sin Fronteras, la Sociedad Interamericana de Prensa, Freedom House y otros organismos, dan fe de la crítica situación represiva en el país.

Quienes han elegido el método de la ‘discreción’ en el abordaje de los derechos humanos, quizás no conozcan el daño que provocan. Porque, a pesar del diálogo entre Madrid y La Habana, y de las «relaciones cordiales, francas, claras y fluidas», citando a la ministra Arancha González Laya, todo sigue igual (o peor), con el agravante moral de que no se han producido críticas públicas y abiertas al régimen cubano.

Una muestra de la impunidad con la que La Habana reprime, prácticamente sin amonestaciones desde España, la UE y América Latina, fue la grave amenaza lanzada por Miguel Díaz-Canel al asumir la jefatura máxima del Partido Comunista de Cuba: «La paciencia de este pueblo tiene límites». Así amenazó a los miles de ciudadanos que hoy protagonizan numerosas muestras de descontento en las calles de la isla.

Mientras, el líder de los socialistas españoles en el Parlamento Europeo enviaba un «reconocimiento por su labor al frente del PCC » a Raúl Castro.

Desde luego, estas no son las actitudes que se esperan de Europa. Los documentos que prescriben su conducta, en su relación con terceros países, mencionan como eje vertebrador el respeto a los derechos humanos, las libertades y la democracia.

El cinismo político no puede ser la conducta que defina la acción exterior de la UE. Por tal motivo, consideramos que debe revisarse con urgencia el Acuerdo de Diálogo Político con La Habana. Es imprescindible la creación de un mecanismo para medir los avances concretos en materia de derechos humanos y libertades.

Si la UE no está dispuesta a incluir estas demandas en sus manejos con el Gobierno cubano, es que entonces no existe una voluntad de procurar alivio a los ciudadanos de la isla.

Fuente: ABC

Publicado por Roque

Cubano-Español.

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