Historias de Domingo: Sorge, el topo de Stalin en Tokio

Pocos agentes de inteligencia han reorientado desde las sombras toda una guerra mundial. Hombre del Kremlin, Richard Sorge llegó a calar tan hondo en los circuitos de información privilegiada del Eje que pudo anticipar a Stalin dos acciones clave de la mayor contienda del siglo XX: que la Alemania nazi invadiría la URSS por el oeste y que el Japón imperial no lo haría por el este.

El zar rojo descartó lo primero. No creía que Hitler se atreviera a romper su pacto de no agresión. Esto explica que la Operación Barbarroja terminara materializándose, para desgracia y muerte de millones de rusos. Mejor suerte corrió el soplo de Sorge sobre la improbabilidad de una incursión nipona vía Siberia. Aunque receloso de los datos obtenidos por sus espías, Stalin tomó nota de esta fuente y otras. Gracias a ello, no movilizó sus fuerzas hacia un hipotético frente oriental, las concentró en la defensa de Moscú y, de este modo, salvó la URSS y la cara.

La contra de estos oscuros momentos de gloria para Richard Sorge fue que, a diferencia de James Bond –cuyo autor, Ian Fleming, lo admiraba–, vivía en el mundo real. Tras haberse desenvuelto en el Reino Unido, el Tercer Reich y la China colonial, en 1941 se descubrió la tapadera que había usado en Tokio desde 1933 como periodista alemán (su padre era prusiano; su madre, rusa). Fue detenido y, tres años después, colgado.

Un héroe antipático

Basado en declaraciones de contactos directos y en documentación soviética desclasificada, el historiador de Oxford, reportero bélico y escritor británico Owen Matthews, artífice de numerosos trabajos sobre la URSS, presenta con Un espía impecable la biografía más al día, exhaustiva y sustanciosa que pueda desearse de Sorge.

Así, no solo contextualiza sus actos con claridad, en la voluble trastienda geopolítica de la Primera a la Segunda Guerra Mundial, sino que traza un fascinante retrato psicológico de un personaje colmado de claroscuros. Desagradable en muchos aspectos –falaz, mujeriego, alcohólico, vanidoso–, lo pinta, asimismo, íntegramente convencido de sus ideales, incluida una mutación final para afrontar la muerte con un heroísmo que impactó a sus propios carceleros.

Es destacable la variedad de escenarios, suculentamente recreados por el autor, desde el nacimiento del agente secreto comunista en un hogar burgués, en 1895. Y el mismo buen pulso descriptivo alienta un sinfín de secundarios de película, desde turbios forasteros en la Shanghái de los años treinta hasta esposas adúlteras de generales nazis. Por último, Owen Matthews adereza este atractivo material con punzantes reflexiones, por ejemplo, acerca de las miserias del poder. Sin desperdicio.

Tomado: LA VANGUARDIA

Publicado por Roque

Cubano-Español, mi opinión es simplemente eso.

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