Historias de Domingo: Violencia contra la mujer en Cuba un tema espinoso y camuflageado.

En el día de ayer un video se hizo viral cuando el periodista Humberto López al ser interceptado por una cubana ex-fiscal llamada Yeilis Torres forzajea, y minutos más tarde la mujer declara los abusos que sufrió en el encuentro cuando acusa de infidelidad al periodista más odiado de la televisión cubana.

Humberto López

Y es que en Cuba la mujer ha tenido que acostumbrarse a ser pisoteada en muchas ocasiones, ya sea por represores políticos como el caso de Keylilli de la Mora contado por ella como le trataban en la cárcel y despojada de sus ropas y metían a la cárcel, hasta los múltiples casos de femenicidio que ocurren a diario en Cuba y que son denunciado en las redes sociales.

Ahora que la COVID-19 colocó la palabra pandemia en tantas conversaciones diarias, que deviene centro de atención y provoca tanto miedo en el imaginario colectivo desde hace más de un año, debemos recordar más que nunca que hace años la Organización de Naciones Unidas (ONU) considera una pandemia mundial la violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes, por su amplia extensión, porque persiste pese a las medidas para erradicarla, implica “una violación grave y recurrente de los derechos humanos” y provoca “múltiples consecuencias físicas, sexuales, psicológicas, e incluso mortales”.

Las medidas para enfrentar la transmisión del virus SARS-CoV-2, como el confinamiento en el domicilio, las restricciones de movilidad y la suspensión de actividades laborales y educativas, aumentan el riesgo de violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes, sobre todo aquella que ocurren dentro del hogar.

Los casos de EspañaMéxicoChile y Ecuador  ilustran cómo la violencia contra las mujeres se ha disparado. Ahora mismo, muchas de ellas están bajo el mismo techo con su agresor, en un contexto de estrés, presión psicológica y cercanía física que pueden favorecer la violencia, y de distanciamiento social, que dificulta su denuncia y atención.

El hecho de que la violencia contra las mujeres aumenta mientras otros delitos han disminuido subraya la idea de que es una violencia de género, vinculada a desigualdades de género, y no a problemas sociales como la delincuencia o la inseguridad, por ejemplo. Como lo establece su definición, es una violencia que sufren las mujeres por el hecho de serlo.

La ONU sostiene que es muy probable que aumenten las tasas de violencia en el hogar mientras se intenta contener el nuevo coronavirus y, por tanto, esta constituye una de las tres formas en las que está afectando particularmente a las mujeres. Las otras dos formas en que las afecta la COVID-19 son su propia salud y el cuidado de los demás.

Los efectos sobre la salud de las mujeres en Cuba confirman hasta el momento la tendencia mundial: no hay diferencias de género. Hombres y mujeres adultos son el grupo poblacional más afectado.

Los efectos sobre las tareas de cuidado sí exigen consideración mayor, tomando en cuenta su desigual distribución y la necesidad de que las medidas aplicadas por el gobierno cubano abarquen a todas las mujeres (no solo a las empleadas del sector estatal) y atiendan un problema estructural: la carga de trabajo doméstico no remunerado sobre ellas, también en tiempos de crisis, también la mujer cubana sufre de ese machismo reforzado por una sociedad que habla mucho de proteger y no protege a nadie.

Los efectos sobre la violencia requerirán tiempo e instrumentos que permitan medirlos en Cuba, no existe nada que pueda dar una cifra exacta de feminicidios, violaciones, maltratos contra las mujeres, el gobierno no facilita esos datos.

Esto implica, que no reconocer la violencia que viven las mujeres cubanas en todos sus tipos, incluida la física, que suele resultar más visible, y también otras como la psicológica y la económica-patrimonial.

Gritarles a las mujeres, insultarlas, prohibirles vestirse de determinada forma o negarles recursos económicos son manifestaciones que a menudo ni siquiera se reconocen como violencia y son justificadas y naturalizadas por quienes las infligen, las viven o conocen. Sin embargo lo más preocupante es que el gobierno es parte de este circo.

El papel de los instrumentos e iniciativas contra el problema comienza precisamente por su visibilidad y continúa con el apoyo a las víctimas para que puedan salir de las situaciones de violencia.

¿Qué herramientas tiene la dictadura en Cuba para decir que defiende los derechos de la mujer?

  • La Federación de Mujeres Cubanas cuenta con 174 Casas de Atención a la Mujer y la Familia, cuyo objeto social comprende el apoyo a víctimas de violencia. Sin embargo cuando muchas mujeres se acercan a estos lugares la mayoría de las veces no son escuchadas.
  • “Los Servicios de Orientación Jurídica del Centro Nacional de Educación Sexual han trabajado de forma continua ante el problema”, así dice la televisión sin embargo al haber secretismo de Estado sobre lo que pasa con la mujer cubana es muy difícil decir que realmente la justicia sea efectiva.

Un ejemplo de esos movimientos que supuestamente en Cuba apoyan a la mujer es:

Como esta iniciativa existen más dentro de Cuba, sin embargo, están muy lejos de garantizar que cada una de las que hoy vive violencia cuente con el apoyo imprescindible para superarla, independientemente de que resida en La Habana o en otra provincia, en una zona urbana o en una rural, las mujeres cubanas no tienen respaldo ninguno.

La Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género en Cuba, realizada en 2019, mostró que el 48,6 % de las mujeres ha vivido violencia a lo largo de su vida y el 38,7 %, en los últimos doce meses.

La relatora especial de la ONU sobre la violencia contra la mujer, Dubravka Šimonović, advierte que “el riesgo se agrava ante la carencia de refugios y servicios de ayuda a las víctimas”. Ese problema, que la pandemia actual muestra con carácter de urgencia para las mujeres cubanas, se convierte en la primera clave para pensar políticas integrales sostenidas, algo que en Cuba un país que sólo trabaja por impulsos y consignas es algo imposible.

La segunda clave tiene que ver con diseminar el conocimiento acerca de la violencia de género y el compromiso con erradicarla de quienes intervienen en su identificación, denuncia y en el trabajo con las víctimas. Superar la violencia exige una atención integral, como parte de la cual ninguna de las partes involucradas debe naturalizarla o justificarla.

Esto incluye a la atención psicológica, que sin perspectiva de género puede colocar la responsabilidad de la agresión sobre la víctima. Se extiende al asesoramiento jurídico y la investigación policial otro de los flagelos de la dictadura cubana, pues la policía política es la primera que agrede a las mujeres, Las acciones que comienzan en la recepción de la denuncia y continúan en el peritaje de los casos, nunca se llevan a cabo en Cuba a no ser que el caso sea grave.

Cuba no cuenta con personal capacitado, atento al enfoque correcto, y se corre el riesgo de continuar el sufrimiento de la víctima y llevarla a desistir del proceso.

En Cuba al proceso penal, no llegan muchas víctimas de violencia. Sin personal capacitado, existe un alto riesgo de impunidad para los agresores, bueno es que al final los mismos que deben cuidar de este tema son agresores.

En Cuba no existen acciones de reparación y protección a las víctimas y sus familiares y esto resulta esencial para entender la violencia contra las mujeres como un problema social y no un asunto individual o el resultado de acciones desviadas de la política de una dictadura.

La ausencia de una Ley Integral contra la Violencia de Género obliga a procesar este tipo de actos violentos sin un reconocimiento explícito de su origen (contra las mujeres, por su género), ni siquiera en el caso de los femicidios. Eso complica la búsqueda de justicia e incide en la cuarta clave: la forma en que la sociedad cubana continúa mirando la violencia contra las mujeres.

La Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género refleja que más de la mitad de la población estudiada, el 56,9 %, considera que en Cuba es poca, mientras que el 18,8 % considera que no existe. Ante las carencias nombradas, que colocan a las mujeres cubanas en una situación vulnerable con las medidas por la COVID-19, los tejidos comunitarios resultan vitales para plantar cara al problema que al parecer no tiene solución, ni le interesa al gobierno.

Allí donde llega la información sobre medidas higiénico-sanitarias también debería llegar el apoyo especializado y la denuncia social. Pero el dato de la encuesta ilustra por sí solo que la pandemia actual es solo un lente de urgencia para la otra.

Cuba continúa siendo un foco de machismo, de violencia creada por un régimen contra la mujer.

Publicado por Roque

Cubano-Español.

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