¿Te acuerdas de Silvio?

¿Te acuerdas, Silvio?
Estos días tan convulsos para los cubanos de la isla retratan una realidad marcada por la desigualdad entre sus habitantes; unos, conforman la minoría privilegiada, que lamió durante décadas las botas de Fidel Castro para perpetuarse en una clase aburguesada, en una selecta élite de personajes favorecidos por el régimen y de ministros y militares que apenas pueden cerrar sus camisas por el sobrepeso; otros, la gran mayoría, el pueblo, ya no tiene ni camisas.
Los sucesos que tuvieron su germen en San Antonio de los Baños el pasado domingo, 11 de julio, enseguida trajeron a mi mente aquellas estrofas musicales que decían “…Llegué por San Antonio de los Baños, cuando me fue imposible no vivir. Una loma y un río fueron vecinos míos. Llegué donde el amor se quiso abrir…” Sí, efectivamente, Silvio Rodríguez. Otra vez, Silvio Rodríguez. Y digo así, otra vez, porque si no hubiera estudiado mi carrera de Filología en los años 80, la segunda opción hubiera sido Silviología.
En medio de la conmoción que me produjo de inmediato el reclamo de libertad de los pobladores de ese lugar, pensé: qué acertado el verso “donde el amor se quiso abrir”. ¡Qué bien, Silvio! Aquí se gesta un nuevo comienzo, en tu tierra, en ese pedazo de Cuba que te vio nacer y al que le cantaste también “…Yo soy de la biajaca en curricán, de la pedrada blanca en el portón. Yo soy del tomeguín sin el pinar y soy de la carreta del carbón…”
¿Te acuerdas, Silvio?
Y comencé a asociar algunos fragmentos de tus canciones con lo que estaba pasando “…La era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor…”, “…hay que quemar el cielo, si es preciso, por vivir”, “…Vamos a andar, en verso y vida tintos, levantando el recinto del pan y la verdad…” o la tan coreada “…Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto: una luz cegadora, un disparo de nieve, ojalá por lo menos que me lleve la muerte, para no verte tanto, para no verte siempre en todos los segundos, en todas las visiones: ojalá que no pueda tocarte ni en canciones….”
¿Te acuerdas, Silvio?
Y así me fui inspirando en los textos de tus canciones, mientras veía en directo cómo otras ciudades de Cuba se sumaban a las manifestaciones. Me embargaba la emoción y me venían a la mente tantos conciertos tuyos, en los que una juventud deseosa de libertad, repetíamos tu clamor de protesta hecho versos. Me venía a la mente un Silvio irreverente con el sistema, que no claudicaba ante un mundo plagado de reglas y principios dictatoriales, un Silvio que cantaba “…La libertad tiene alma clara y sólo canta cuando va batiendo alas. Vuela y canta, libertad. La libertad nació sin dueño y yo ¿quién soy para colmarle cada sueño?…”.
¿Te acuerdas, Silvio?
¿No? Yo sí lo recuerdo todo. Tú en cambio, preferiste acomodarte en tu posición de favorecido por el régimen, al lado de los “…que ríen con sólo media risa, los delimitadores de las primaveras…”, en vez de sumarte al canto “…Si tengo un hermano, hermano que arde, hermano mestizo, hermano de hambre, empapo mis himnos con luz de su aire, tiño mi bandera también de su sangre, si tengo un hermano, si tengo un hermano…”
Pero no estabas allí. Ni te pronunciaste, ni te uniste a tu pueblo, donde ya han perecido hasta las biajacas y los tomeguines. Me he preguntado durante todos estos años por qué mataste a ese autodidacta que destilaba tanta sensibilidad en sus canciones y que nos hacía soñar con un mundo mejor.
¿Te acuerdas, Silvio?
Pero no estabas allí. Sin embargo, durante estos días tan convulsos para los cubanos de la isla, me albergaba, aún, la esperanza de que resucitaras al Silvio que amamos un día. Tenía la ilusión de que aparecieras cantando “…Nadie se va a morir, la vida toda, es nuestro talismán, es nuestro manto. Nadie se va a morir, menos ahora, que el canto de la patria es nuestro canto…”. Y hasta recordé la canción que le hiciste al mítico Elpidio Valdés “….Para Elpidio Valdés, patriota sin igual…Él no cree en nadie a la hora de buscar la libertad…”
“… Y cuentan que con mala maña fue tiroteado su abanico, justo a la hora que en España se asesinaba a Federico…” ¿Cómo pudiste crear esta maravillosa estrofa sobre el injusto asesinato a Federico García Lorca por pensar diferente, por estar inconforme con una dictadura y no eres capaz de denunciar el genocidio de tu gobierno en Cuba?
¿Paradoja o castigo? No lo sé. Pero en San Antonio de los Baños se abrió el amor. En tu tierra. ¿Quién lo diría? A lo mejor, la vida quiso recordarte quién eres, de dónde saliste, cómo pensabas. ¿O es que acaso eras un impostor?¿O es el Silvio de ahora? Tampoco lo sé, pero sí te aseguro que te has quedado al lado de “…tu viejo gobierno de difuntos y flores…”, en vez de pedirle a los tiranos “…seamos un tilín mejores y mucho menos egoístas…”
¿Te acuerdas, Silvio?

Silvio Rodríguez

Escrito por: Claudio Roma

Publicado por Roque

Cubano-Español, mi opinión es simplemente eso.

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