Carta Abierta a Pablo Milanés

Querido Pablo:
No podría llamarte de otra manera. Estos días están siendo muy duros; muy duros, querido Pablo. A los que vivimos en el exilio nos sobrecoge la impotencia y el desvelo por ver a nuestros paisanos en medio del desasosiego, del hambre, de los contagios y de la muerte. Y qué decir de la represión.
Y hemos apelado a la esperanza, a la unión de todos para reclamar, ante el mundo entero, que la férrea dictadura desate de una vez, las alas de una tierra que merece ser libre. Y han sido muchas las voces que se han manifestado por la libertad, dentro y fuera de Cuba. Voces necesarias. Voces que suman.
Y llegas tú, querido Pablo, con tu emotiva publicación. Te confieso que no ha sido una sorpresa ¡te esperábamos! Millones de cubanos sabíamos que lo harías también porque has sido tú, Pablito, parte de ese pueblo que ahora sufre, de ese pueblo que te quiso siempre. Y, a pesar de no vives allí, estábamos seguros de que estarías al lado de tu gente.
Y entonces comencé a recordar tus canciones y esos hermosos versos cargados de patriotismo cuando creías, tú también, en una patria digna, en la patria libre prometida por un gobierno que en 1959 consiguió el poder a la fuerza y que ahora pretende perpetuarse, aplicando también la fuerza con la violencia, el abuso físico y la cárcel.
No te culpo, querido Pablo, casi todos los de mi generación y la tuya creímos. Creímos en una verdad que se convirtió en fracaso. Creímos. Y tú, trovador del mítico “espendrú”, cantabas: “Sube conmigo a encontrar el escalón que evocaré para llegar a ese lugar que un día soñé”. Tu amor por Cuba se convirtió en una palabra necesaria para tus canciones: “Amo esta isla, soy del Caribe, jamás podría pisar tierra firme, porque me inhibe”. En ese momento era inimaginable que nuestra Cuba se convertiría en una pesadilla.
Querido Pablo, recuerdo esas canciones tuyas que tuvieron un rostro y una historia, sin embargo, hoy siguen siendo actuales. Tu pelo ha cambiado, eso sí, ya no llevas el mítico “espendrú”, pero tu canto sigue invitando a soñar: “Sube conmigo a encontrar el escalón que evocaré para llegar a ese lugar que un día soñé”. ¿Y sabes por qué? Porque “Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar. Su brillo puede alcanzar la oscuridad de otras cosas”. Esa es tu esencia, maestro.
Y vuelvo a tus clamores, querido Pablo, tan necesarios en este momento: “La vida no vale nada cuando otros se están matando y yo sigo aquí cantando cual si no pasara nada” y me estremece aquel himno que, en 1974, dedicaste al Chile de los desaparecidos, de los torturados: “Yo pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes”. ¡Qué fuerza tienen ahora estas palabras para Cuba!
Solo hay que leerte para saber que destilas sensibilidad. Tu pronunciación en las redes es un hálito de fuerza para apoyar esta lucha. La afirmación “Creo en los jóvenes” me hizo reconocer tu declaración de intenciones en la canción que dice: “Y ahora tratar de conquistar con vano afán ese tiempo perdido que nos deja vencidos sin poder conocer eso que llaman amor para vivir”. Y hay un canto de esperanza para que esos jóvenes cubanos que hoy se enfrentan a la dictadura puedan corear: “Retornarán los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas. Renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores”.
Querido Pablo, por mi parte, esta es “una declaración de amor”, como la tuya a Yolanda. Pero, seguramente, será también una declaración de amor de esos millones de cubanos que sabíamos que hoy estarías con nosotros. Te amamos. Gracias, maestro, por regalarnos un legado artístico tan hermoso y tan necesario hoy. Por último, permítame parafrasear el final de la canción: “Pablo, Pablo, eternamente, Pablo”.

Escrito por: Claudio Roma

Foto captura

Publicado por Roque

Cubano-Español, mi opinión es simplemente eso.

Un comentario en “Carta Abierta a Pablo Milanés

  1. Saludos, hermano caribeño, es hermoso leer tu entrada y compartir contigo sobre la situación de Cuba y la esperanza. La esperanza es lo último, que se pierde, pero aun se puede luchar. Ese luchar con los medios informativos, que se tienen al alcance para hacer las denuncias, que todo el mundo sabe de la dictadura de un gobierno. Este gobierno, que no tiene ideas, sino el destruir un pueblo luchador, como son ustedes hermanos cubanos. Un abrazo desde Puerto Rico.

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